![]() La pobreza es uno de los castigos del capitalismo. El pobre y el mendigo son el desecho social del sistema. La mendicidad es el estadio final de la pobreza, el último peldaño de la degradación que la persona experimenta en el proceso de empobrecimiento del sistema, el cual necesita la desigualdad para poder funcionar, y continuamente reproduce la desigualdad como parte de su normal funcionamiento. Mientras que un pobre es una persona conservadora por educación, alguien que desea y está esperando mejorar su suerte en la sociedad burguesa, y de aquí que los ricos tengan consideración con los pobres, por el contrario, un mendigo es una persona indisciplinada, sin voluntad de convivencia de la sociedad. En otras palabras, mientras el mendigo es un rebelde sin causa, el pobre es una persona que a menudo no ve la causa que tendría que provocarle la lucha contra el capitalismo. Por tanto, no es de extrañar que la riqueza sea caritativa con la pobreza e implacable con la mendicidad, que mientras no sea alarmante, la deja que se pudra directamente en los callejones y parques de sus ciudades y pueblos, esperando que llueva y el agua se lleve los restos por las alcantarillas. La mayoría de los pobre acepta y acoge con buenos ojos los programas de asistencia que organiza el sistema, mientras que los mendigos frecuentemente prefieren la vida en la calle, vivir sin techo, antes que aceptar las normas y exigencias que imponen las entidades caritativas. En este sentido, se puede decir que los mendigos tienen una vena de acratismo que no gusta a las clases dominantes ni a los ciudadanos que observan fielmente las normas de conducta que nos ha inculcado el sistema. En resumen, la justicia está reñida con el capitalismo y, por tanto, aspira a cambiarlo, mientras que la caridad contribuye a mantenerlo. Existe una enemistad entre pobreza y justicia, ya que la pobreza tiene que desaparecer para que exista la justicia; y enemistad entre justicia y caridad, ya que, si la pobreza no existiese, ¿quién necesitaría la caridad? ¿Como podría el creyente practicar la caridad (judía, cristiana, musulmana, budista, taoísta) si desapareciese la pobreza?. La respuesta a esta pregunta es que al pobre hay que mantenerlo vivo pobre. Y
puesto que los pobres y los mendigos son políticamente invisibles,
desarticulados y sin ningún poder, aquí los tenemos, anónimos,
pero dando la cara y mostrándose tal como son. |